Por Natalia Aguilar y Elena Vindas
- ¿Te cuento una historia?
- Dale
- Érase una vez una muchacha (o).
- ¿Eso es todo?
- ¡Sí!
- ¿Y no hay final?
- No, y esa es mi parte favorita.
Desde pequeños y pequeñas nos
bombardean con exigencias académicas, éticas, morales e identitarias. Con el
slogan “quiero lo mejor para mi hijo o hija” se nos limita la libertad de
expresión y la maleabilidad de pensamiento que tiene la niñez.
Nos preguntamos ¿por qué si nacemos libres se nos encierra en una jaula cuadrada y sin salidas? Porque estamos regidos en un mundo de reglas y protocolos establecidos, los cuales, modelan nuestro pensamiento y accionar para así “encajar” dentro de un sistema de políticas sociales, culturales y educativas que responden a un sistema económico dominante y homogéneo.
Y, ojo, que no estamos –del todo- en contra de las reglas y protocolos, pero, sí creemos que es necesario ser crítico, entender el por qué y para qué de lo que nos enseñan. Abogamos por una educación en donde nosotros mismos seamos los escritores de nuestra historia, sin presiones ni imposiciones. En donde los protocolos sean una opción y no una obligación.
Por otro lado, entendemos la educación
como un medio para ser críticos de nosotros mismos y desarrollar el análisis
crítico en torno a lo que entendemos por “sociedad”.
Escribir y entender nuestro mundo –donde yo sea el
protagonista- nos derivar en profundas
reflexiones, nuestra mente se ilumina y las ideas fluyen. Nos hacemos preguntas
que nosotros mismos respondemos. Deducimos los porqués de la vida y de los
acontecimientos del día a día. Lo que Freire plantea “no pensemos ideas,
pensemos existencia”.
Este autor nos llama a cambiar la forma en cómo hemos
sido educados –sobretodo- el método por el cual hemos sido educados. ¿Es
posible hablar de cambios? ¿Es posible desenterrarnos de la pasividad y la
negación de la autocrítica?
Para ello debemos hacernos la siguiente pregunta ¿cómo
lo hacemos? ¿Cuál es el camino a seguir para generar revolución o revoluciones?
Nosotros proponemos un cambio en el paradigma del adultocentrismo.
Sin embargo –antes de realizar cambios en él- es
pertinente entender la necesidad de cambiar el paradigma. Debemos comprehender
que los viejos paradigmas entorpecen el diálogo hacia otras formas de ver y
comprender la existencia, otras epistemologías. ¿Cómo lo hacemos? Es menester
de otra entrada de blog para discutirlo.
Después de haber interiorizado lo anterior, nos
preparamos para buscar alternativas de cómo vamos a hacer los cambios de
paradigma ¿Cómo? Nosotros pensamos que hay respuestas si lo trabajamos desde la
educación. La educación con planteamientos abiertos, participativos e
integradores nos acercan a la libertad. La misma que hemos perdido por causa de
las exigencias que mencionamos al principio.
La libertad nos puede causar
angustia o temor. Sentirnos libres de escoger y decidir nuestra historia
después de haber estado condicionados a pensar en una sola dirección, cual autómata.
Freire nos alienta a no tener miedo a la libertad.
Por otro lado, Sartre nos decía que el ser humano tiene miedo a la libertad porque tiene miedo a enfrentarse a la pregunta ¿libertad? En pedagogía de la autonomía, Freire (1997) nos convoca a pensar -nosotras diríamos repensar- el papel de los maestros en el proceso de la enseñanza y el aprendizaje. Por sobre todo, repensar el énfasis puesto en educar para lograr la igualdad, la transformación y la inclusión de todos los individuos en la sociedad.
Asimismo, Freire (1997) señala que “la educación basada en la interacción entre educar y aprender requiere seguir los siguientes pasos: observa un rigor metodológico; desarrolla la investigación; respeto por el conocimiento particular de cada estudiante; ejercita el pensamiento crítico; respeta la ética y estética; haz lo que dices y arriésgate aceptando lo nuevo, al tiempo que rechazas cualquier forma de discriminación; reflexiona críticamente acerca de las prácticas educacionales; y asume tu identidad cultural”.
¿Estamos listos y listas para aceptar el reto y desde la Educación No Formal generar
cambios para las futuras generaciones? ¿Estaremos abiertos a que ellos y ellas puedan ser capaces de escribir su propia historia, sin etiquetas y sin finales forzados? Esperamos que SÍ.


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